
Europa tiene para un latinoamericano el encanto y el misterio de lo desconocido, y de la imposibilidad de acceder a las culturas milenarias que nos llegan a t ravés de libros escritos por románticos y escépticos de todos los tiempos, que nos saturan de fantasías y realidades que la vuelven prácticamente inalcanzable.
En enero del 77, del siglo pasado no existía el celular, ni se soñaba con la Internet, máxime si uno se hallaba enterrado en una cárcel de máxima seguridad como la Unidad 7 del Chaco, condenado de facto por terrorista irrecuperable, en los comienzos de la dictadura de Videla y compañía. Pero Chengo Almirón, un correntino pelo chuza y cara manchada por el sol caliente de su barrio Camba Cuá, de veintitrés años, gran hacedor de hijos por ser pobre, salía del país en “Opción”, con su compañera y sus siete peldaños, nada menos que con destino a Frankfort (Alemania). No sabía de la artimaña del destino que al parecer le endilgó un bisabuelo inmigrante en su apellido.
A través del vidrio del locutorio, el Cónsul Alemán le dijo antes de retirarse:
-La negociación con los militares está yendo bien, quedate tranquilo… Vos preparate… aquí hace cuarenta grados y las plazas de Frankfort están cubiertas de nieve… Te va a gustar…
Y se fue.
Sentado ahora en el asiento de la burra, con la cara llena de interrogantes, golpeaba de cuando en cuando la mesa de chapa con un cartón enrollado, mientras hablaba con su compañero de celda.
- No puedo creer hermano… esto hay que festejar, estás por zafar… te vamos a cantar la marchita cuando salgas… ¡Vamos nomás, carajo!... se empezó a mover el barco… en cualquier momento nos vamos todos, dijo Quito Fernández.
El chaqueño estaba más contento que el correntino, y los murmullos de los otros encerrados llegaban con alegría a través del pasillo. En eso, se abrieron las rejas de la planta baja y dos enormes ollas fueron introducidas sobre un carro.
- ¡Caldo de sobaco y Marrón terroso…! gritó un fajina. Era la Carta del almuerzo. Anunciaba la consabida sopa de lechuga y acelga hervida que se servía diariamente en el almuerzo y la cena, y en este caso acompañado por un guiso de arroz y garbanzos que se volvía obscura por las abundantes lentejas.
Mientras esperaban que los fajineros llegaran con la comida, ahora los dos la golpeaban a la burra en los agujeros, como si ésta fuese culpable de algo. La realidad diaria de preso, terminaba siempre imponiendo prioridades.
- Quito, qué cantidad de cucarachas tiene esta burra… vamos a tener que hacer algo… Era la mesa de chapa, unida por caños de hierro a un asiento, también de chapas de hierro, que en su interior servía para guardar de todo lo que un preso pudiese guardar en tamaña circunstancia. Como eran pesadas y sólidas tenían tantos años como la mismísima cárcel, de las más antiguas del país. Por los agujeros que dejaba ver el carcomido metal, asomaban las antenas de las inaniquilables merodeadoras, que conocían el horario de la comida mejor que los presos.
- Dejá nomás, a la siesta le vamos a enseñar cuantos pares son tres botas… vamos a llevar la burra a la pileta, y a meterle agua hasta que se ahoguen…
El negro Walter Medina, que estaba de fajinero, cargó el líquido verdoso con un cucharón enorme, luego metió la cabeza por el rectángulo pasa-platos y dijo:
- Chengo, decile a tu Cónsul que me lleve también. Estuve leyendo que las anglosajonas son todas rubias y de ojos azules y les gustan los morochos como nosotros.
Walter se reía y mostraba los dos enormes colmillos que le quedaron, después que en la tortura, Caballero le arrancara los otros dientes con una pinza de electricista. Estaban contentos:
-¡Vas a andar bien Chengo!, concluyó Medina.
A la siesta trasladaron al hombro la burra y le metieron agua hasta que llegó la hora de salir al patio. Y mataron todas las cucarachas.
Una comunidad de ciento veinte presos políticos por pabellón, donde se convive bajo la permanente amenaza de la represión, y un metódico y programado proceso de deterioro y aniquilamiento físico, tiene como su principal herramienta de respuesta, la solidaridad. Y cuando alguien logra la libertad, es un triunfo de todos, pues se lleva un pedazo del esfuerzo general, en el objetivo de sobrevivir.
Las que también sobrevivieron, y para sorpresa de ambos, fueron las cucarachas. Había transcurrido una semana apenas, pero con los días tan calurosos reventaron los huevos. Eran muy pequeñas pero se habían multiplicado.
-¿Qué hacen comiendo con los platos de aluminio en la mano? Se van a quemar.
El nuevo fajinero de semana, Aníbal Ponti, se sorprendió
- No se puede chamigo, la burra está llena de cucarachas, ponés un plato y se arriman todas, son unas descaradas.
El otro fajinero se acercó, Chiquito Mena, era un buen analista, casi filósofo. Muy serio les indicó con el índice de su enorme mano:
- Tienen dos posibilidades, aniquilarlas o aprender a convivir con ellas. Yo prefiero lo segundo.
- Miren compañeros, lo que tienen que hacer es quemarlas, dijo Aníbal, terminante.
- Busquen plástico y cartón, envuelvan, hagan los conitos y métanle fuego. ¡Hay que quemar los huevos, no hay otra!
El ser humano no nació para estar preso, porque es un ser pensante. Hay muchas formas de estar presos, siendo libre, y de sentirse libre, estando preso. Un calabozo, una celda, una Quinta, es siempre una prisión, porque tiene límites. La diferencia está en el pensamiento. La cárcel no afecta al hombre que concientemente se halla detenido por luchar por un ideal. Es solo cuestión de tiempo, su pensamiento vive hacia afuera, libre.
-¿Qué hacemos Quito. Negociamos?
-Sí, negociemos.
Pusieron los platos sobre la mesa, e inmediatamente asomaron las antenas negras. Les fueron arrojando miguitas de pan cerca de los agujeros, las cucas las recogían y se iban, y ellos pudieron comer tranquilos. En ese instante golpearon las rejas y el yuga de guardia gritó un nombre y las dos palabras mágicas:
-¡Chengo Almirón!, ¡Con todo!
(*) Ex preso político
martes, 17 de agosto de 2010
La Negociación...Por Ricardo Ilde (*)...sobre el Kumpa Chengo Almiron
viernes, 28 de agosto de 2009
Qué se dirime en Bariloche...Por Luis Bilbao

Los presidentes de las 12 naciones suramericanas se reunirán en pocas horas más en Bariloche. Una porción ínfima de la ciudadanía conoce la trascendencia del tema a debatir en esta reunión de emergencia.
Hay motivos para la ignorancia. La historia registrará la conducta en esta coyuntura de políticos, analistas y medios de comunicación, como un caso sobresaliente de irresponsabilidad y enajenación. Arrastrados por intereses inmediatos, el grueso de ellos o bien ha guardado silencio, o bien se ha prestado a burdas maniobras diversionistas que ocultan la magnitud del problema: Estados Unidos avanza por el camino de la guerra en América Latina y el Caribe.
Ya no es un mandatario brutal quien habita la Casa Blanca. Ya no gobierna en Estados Unidos el partido identificado públicamente con el complejo militar-industrial. Pero Washington amenaza sistemática, inexorablemente, con la guerra en nuestros países. Eso es la reactivación de la IV Flota de la US Navy en las aguas del Caribe. Eso es el golpe de Estado en Honduras. Eso es la instalación de siete bases militares en Colombia. De modo que queda claro: la dinámica belicista en la que Estados Unidos ha embarcado al mundo en los últimos años, con aceleración irracional desde fines de 2001, no tiene como motor a tal o cual presidente, sino a la crisis estructural del sistema, que les estalló en las manos un año atrás. Queda claro que el capitalismo imperialista nos lleva a la guerra.
De esto se discutirá en Bariloche. El resultado dependerá de la posición que adopten gobernantes hasta ahora indefinidos, ambiguos. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador ya se han expedido sin rodeos exigiendo que Unasur se pronuncie contra la intalación de las bases en Colombia. Los de Perú y, naturalmente, Colombia, siguen el dictado de Washington. Los restantes navegan en el estrecho espacio de la complicidad, la perplejidad y el temor. Excepto en los tres primeros países mencionados, la ciudadanía no ha sido informada por sus gobernantes; tanto menos convocada a analizar y debatir tamaña encrucijada histórica. Ése ya es un dato por demás elocuente acerca de convicciones y metodologías de quienes ocupan los más altos cargos. Dicho sea de paso, la elección de una pequeña ciudad del extremo austral argentino, repite la táctica de otras cumbres que huyen de lugares poblados y de fácil acceso para impedir la participación ciudadana. Cabe temer que las sesiones de debate no sean televisadas siquiera para los periodistas acreditados. Si así ocurriera, el escamoteo sería total. Y el crimen perfecto.
Por eso cobra especial relevancia una propuesta lanzada como piedra de David por el presidente boliviano Evo Morales: “¿por qué no ir a un referendo en Suramérica?”, propuso ante una concentración de pobladores de Coipasa, en el sur andino boliviano. El argumento es llano: “que los pueblos digan sí o no; que el pueblo decida y no que el imperio imponga sobre las bases militares”.
Se trata de una reivindicación estrictamente democrática, que nadie comprometido con el republicanismo y los propósitos de Unasur podría negar: ¿cómo en una Unión de Naciones se podría admitir que un gobierno ceda el territorio de su país para la instalación de bases militares extranjeras, tanto menos estadounidenses? ¿cómo oponerse a una resolución democrática de la ciudadanía involucrada?
Una de las incógnitas que quedará aclarada en Bariloche, por tanto, es si los participantes de esa gran conquista histórica que es Unasur conciben efectivamente una unión suramericana. La otra, dirá acerca del compromiso de cada quién con la democracia allí donde ésta cuenta.
Quedará dirimido igualmente, positiva o negativamente, un tercer aspecto clave de la coyuntura histórica: el alineamiento geopolítico y estratégico de cada gobierno. Los tiempos de la demagogia y la prestidigitación se han agotado. Nadie podrá hablar de paz, crecimiento, democracia, soberanía y justicia, si no suma su voz a la de quienes condenan las bases en Colombia, el golpe de Estado en Honduras y la descontrolada agresividad mediática del imperialismo con todo su dispositivo hemisférico, pero además de condenar verbalmente, toma medidas efectivas para impedir esta carrera hacia el abismo.
Los y las presidentes de Unasur deben asumir una responsabilidad que no admite dilación ni subterfugios. Pero allí no acaban las exigencias de la hora: partidos, sindicatos, organizaciones sociales de todo género y dimensión, periodistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores, tenemos la obligación de observar con lupa lo que ocurra en Bariloche, transmitirlo a cientos de millones de compatriotas, acompañar a los gobiernos que salgan en defensa de sus pueblos y, desde las raíces mismas de la sociedad, con la participación de todos, llevar a cabo la gran tarea de unión suramericana, con prescindencia de los gobiernos que defeccionen en esta hora crucial.
26/8/09
Luis Bilbao es Director de América XXI. Estará presente en la cumbre de Bariloche y en las manifestaciones programadas para condenar las bases estadounidenses en Colombia.
jueves, 30 de octubre de 2008
Un mundo digital, múltiples voces?

Un debate sobre la televisión. La que tenemos y la que vendrá; su muerte y resurrección. Académicos de América latina y España coincidieron en que la elección entre la norma estadounidense, europea o japonesa no es lo más importante. ¿Una vez digitalizado el espectro, estaremos realmente hiper-conectados? ¿O más bien hiper-segmentados e hiper-individualizados? En la era de los usuarios y consumidores, qué sucede con nuestra condición de ciudadanos.
Un modo posible de pensar la instauración de la televisión digital es imaginar un mundo en el cual la tecnología reina. Donde la imagen televisiva deja de ser cotidiana para volverse omnipresente. Las pantallas multiplicadas por doquier desde la tradicional “tele” hasta los más novedosos celulares nos acompañarían en nuestras íntimas experiencias. Mientras los gurúes de la TV digital anuncian sus beneficios: mejor calidad de la imagen, interactividad, multicanalidad, triple play y movilidad, los disertantes del “Primer Encuentro Iberoamericano de Comunicación: lo digital y la digitalización”, organizado por el Sistema Nacional de Medios Públicos en Canal 7 los días 14 y 15 de octubre, se animaron a preguntar por los contenidos, las políticas públicas y la relación con la tecnología.
El para qué de la digitalización se instauró como hilo conductor en las cuatro mesas del encuentro. Si utilizamos la anacrónica definición de Umberto Eco, podríamos decir que para los más integrados, u optimistas, la TV digital permitirá la inclusión social de actores que actualmente no participan en los medios masivos. Pero aún no queda claro el modelo de negocio, cómo se realizará la mudanza de lo analógico a lo digital y cómo se garantizará la diversidad de contenidos. Los más apocalípticos, e incluso algo nostálgicos de la ciudadanía clásica, reinstauraron el debate por la definición de políticas públicas de radiodifusión aplicables. En Argentina, para no cometer los errores del pasado, además de modificar la ley, se requiere que esos cambios no favorezcan a los grupos hipercomerciales que dominan el mercado y concentran la producción de contenidos en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Ni apocalíptica ni integrada, la sociedad civil fue llamada a ejercer críticamente su derecho a participar de este debate.
La televisión digital se presenta como un gran almacén virtual, que ofrecerá contenidos diversos según edades y gustos. Al ser intangible, los usuarios circularán hacia sus productos y potenciarán sus “libertades”, de consumo y espectáculo. Sin embargo, estudios realizados por Emili Prado (Univ. Autónoma de Barcelona) demostraron que los contenidos siguen concentrados en tres ejes: ficción, información e infoshow. Martín Becerra (Univ. de Quilmes) distinguió el caso europeo del latinoamericano. El primero se caracteriza por una larga tradición de servicio público en medios de comunicación y la regulación estatal, aun después de la apertura a empresas comerciales, permite programaciones complementarias y diversificadas, mientras que en Latinoamérica la anomia de políticas públicas garantiza la “seguridad jurídica” para los grandes grupos empresariales en detrimento de la mayoría de la población. El multichanel podría representar una alternativa para países como la Argentina siempre y cuando se revisen los marcos regulatorios en pos de pensar una nueva televisión pública no comercial. Glenn Postolski (Univ. de Buenos Aires) indicó que actualmente no existen en Argentina medios públicos, sino medios gubernamentales que dependen de las decisiones discrecionales de los gobiernos. El canal Encuentro, exclusivo en cable, y el funcionamiento de Canal 7 en los últimos cuatro años son ejemplos de programación complementaria; sin embargo, nada asegura la continuidad de la política de programación ante un cambio de gestión. Omar Rincón (Univ. Javeriana, Colombia) explicó que históricamente la TV pública se pensó en términos de informar y educar; esto implica concebir a los espectadores como sujetos dependientes de los medios para informarse e instruirse. Pero la televisión pública debe también entretener y evitar cederle la franja del entretenimiento al mercado.
Acortar la brecha digital no se trata únicamente de cómo el mercado se apropia de la tecnología, sino de cómo se desarrollan software y contenidos. Guillermo Mastrini (UBA) recordó que en el universo tecnológico, América latina está a tiempo de desarrollar software propio de indexación, como integrar bases de datos regionales para potenciar el uso de Internet y diseñar políticas de integración y promoción de la industria creativa de cada país.
Los procesos de digitalización abren la posibilidad histórica de cambiar, aunque sea en parte, las reglas de juego. Es preciso implementar políticas públicas que conjuguen dos aspectos: el técnico, ligado a políticas industriales, y los socioculturales, asociados a la producción y distribución de contenidos simbólicos. Esto último incluye reservar parte del espectro para los sectores comunitarios. Ellos requerirán la colaboración estatal para poder producir y distribuir con cierta equidad en relación a las emisoras privadas dados los altos costos de la industria televisiva.
Por Ornela Carboni y Soledad López *
* Universidad Nacional de Quilmes.
